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Piedad, bajo una lluvia de abril
Tito Alvarado
(Para Nancy)
Piedad, ese rubor de cielo hecho mujer,
ha pasado por esta calle.
Bajo estos árboles en flor
se dibujó su silueta,
una tarde de primavera
poco antes de la lluvia.
Ya no la ven mis ojos.
Al doblar la esquina del sol,
en un chispazo de fuego, desapareció,
y yo, con ella, me he perdido
bajo una lluvia de abril.
Su paso de rumba y flamboyán
me ha dejado una inquietud
como de piedra y arena
soportando el implacable sol del mediodía.
La sufro pasar
con el resignado placer
de sólo verla.
La recuerdo desde entonces,
aunque esa fecha nunca haya llegado.
Con lejana lucidez de loco la imagino y la enamoro.
Desde este incierto umbral de sol y agua,
entre murmullos y flores, apasionado del laurel, la beso.
En la duda de la dicha o la locura,
digo su nombre, mientras la lluvia cae,
con la secreta esperanza de hacerla real.
Piedad, bajo una lluvia de abril,
la certeza de una duda,
¿ella es real más allá de mis ojos
o sólo es la fiebre que me consume?
Sin el consuelo de una respuesta
armonizo su figura
en los espacios vacíos de mis tardes.
Piedad, vestida de aurora y ocaso,
me deja un silencioso martirio.
Desde el umbral de mi embeleso
la presiento y la deleito,
la siento y la acaricio,
y beso la flor de su cuerpo
sin que ella sepa
la osadía de mi locura.
Ella nada sabe de la lluvia,
que ha marcado en mi memoria
con agua y música de tormenta,
la fecha exacta de su entrada
en mi mundo alucinado.
Mis ojos la vieron pasar
como una brisa nupcial.
Quizá la imaginé, quizá haya llegado
a llenar el infinito de un recuerdo.
Fragancia de fruta madura,
ella viniendo en sonrisa
de su espacio a mi tiempo.
Llueve en abril como un temblor de cielo,
Ella, besada por el agua, corre.
Yo, en el umbral del fuego, la deliro.
Música de agua cayendo y pasos graves
haciendo eco en la acera, me dicen que se aleja.
Ella, un florido jardín,
se adentra
en el músculo rojo.
Entre lluvia que me moja y sol que me abrasa,
la distingo por la gracia que insinúa al caminar,
por el aroma de dicha que me invade,
por el tropical esplendor que la adorna.
Desesperado la veo en mis pupilas,
y la sufro venir de mi piel a mis huesos
y me aterro cuando desaparece,
siento su ausencia como una muerte
en el pleno vacío de esta lejanía.
Abril llueve como un temblor de cielo,
como un eterno caer de pequeños ríos verticales,
bajo ese mar de gotas en vértigo
te adivino y quiero ser el agua cubriéndote,
La fiebre sube o baja, el delirio queda,
quizá ella exista en un futuro anterior.
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Tito Alvarado
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